Siempre que tenemos alguna duda acerca del significado de una palabra recurrimos a un diccionario o a alguna página de Internet. La respuesta que obtenemos ahí es suficiente cuando la palabra que buscamos no la vinculamos a un sentimiento. En ese caso seguramente obtendríamos algo incompleto, de ahí una de las cualidades, si es que se pueden llamar así, de la poesía o las interpretaciones que hacen muchos escritores o artistas de algunas palabras como el amor, odio, ansiedad, ira, etc.
A qué voy con lo anterior, cuando tenemos alguna conversación de forma escrita o telefónica no percibimos el cincuenta por ciento de la información que nos están mandando debido a que no podemos ver los gestos y movimientos de nuestro interlocutor, lo cual, de entrada, genera un vacio importante en la comunicación.
Lo que he dicho hasta ahora no es nada nuevo, sin embargo, existe otro factor que hace que la comunicación telefónica o escrita sea incompleta. Es decir, qué entiende nuestro interlocutor por lo que nos está diciendo frente a qué entendemos nosotros por lo mismo.
En suma, cuando están involucrados los sentimientos las personas entendemos en determinadas palabras cuestiones distintas. Pero ¿por qué pasa esto? Desde mi punto de vista se debe a varios factores, en primer lugar a un entorno socio cultural a través del cual valorizamos de diferente forma las palabras, un claro ejemplo de esto es la expresión o interpretación de un “te amo”. Muchas personas utilizan estas dos palabras como moneda de cambio mientras que para otras significa un asunto sumamente profundo. En gran medida lo anterior tiene que ver con la forma en la que nos expresamos en nuestro entorno y como interiorizamos esa forma de expresión.
Otro factor fundamental es la forma en la que le otorgamos un valor a las palabras. Si escogiéramos una y le diéramos una calificación del 1 al 10 de acuerdo a la importancia que representa para nosotros y comparáramos esa calificación con la de nuestro interlocutor nos daríamos cuenta lo distinto que valoramos las palabras o expresiones.
Por último, nuestro estado de ánimo influye mucho en la forma en la que interpretamos las cosas. Si estamos felices es más probable que no personalicemos todo, mientras que cuando estamos enojados solemos percibir las cosas como si fueran agresiones directas hacia nosotros.
A fin de cuentas existen cinco soluciones para resolver el problema aquí planteado, la primera que es no darle ninguna interpretación afectiva a las palabras. La segunda que sería evitar las conversaciones escritas o telefónicas. La tercera que tendría como base la pregunta ¿para ti que significa esto que me estás diciendo? La cuarta que es no tratar de entender el significado real de las cosas que nos dicen, y por último, continuar haciendo lo que hacemos hoy en día que es recibir la información que nos mandan y darle el significado que mas corresponda con lo que queremos escuchar.
