Al concluir mi proyecto de investigación una ex alumna de mi papá, y quien hoy en día puedo llamar amiga, me invitó a un proyecto donde fungía como directora de estrategia, la idea era colaborar con ella y un equipo de cuatro personas más en el desarrollo de un área encargada de diseñar, operar e implementar estrategias de comunicación en Internet y redes sociales para empresas y políticos basadas en datos que una herramienta de monitoreo arrojaba.
Con el paso del tiempo y la salida de mi amiga quedé como director del área. El enfoque que había desarrollado previamente se transformó al ingresar a la iniciativa privada ya que el objetivo primordial en ésta es maximizar beneficios para un particular, mientras que en el sector público se supone que es para el bien común, a fin de cuentas, al probar un poco de los dos mundos te das cuenta que son lo mismo con la única diferencia de que en el sector público hay mayor teatralidad e hipocresía.
Haciendo un paréntesis tengo que reconocer que antes de mi incursión como director de estrategia tuve la oportunidad de trabajar dentro de una empresa encargada de ser un enlace entre empresarios chinos y empresarios mexicanos. Ahí conocí la forma en la que se desenvuelve el sector empresarial de un país cuyas reglas de operación y cultura son totalmente distintas a las mexicanas, no por ello menos interesantes y enriquecedoras. De todo lo que aprendí destaco dos cosas, la primera, que fue la calidad humana de las personas con las que trabajé y en segundo lugar la capacidad que tienen los chinos para evitar mostrar sentimientos o expresiones al negociar, cuestión que admiro y envidio profundamente ya que él de la voz no puede dejar de reflejar en su cuerpo y en su rostro lo que su cerebro y corazón le dictan.
Pero más allá de lo que haya hecho, que seguramente habrá logrado que dos o tres lectores ya estén en otro canal, vale la pena responder una pregunta sencilla con una respuesta compleja ¿qué provocó que regresaran a mí las ganas de escribir?
Empecemos con el elemento más sencillo, la semana pasada Héctor Aguilar Camín dentro de su espacio en Milenio Diario reprodujo durante tres días el texto que elaboró con motivo de la presentación de un libro de José Saramago al cual fue invitado por Pilar del Rio, la última pareja del escritor portugués. Dentro del texto narraba elementos fundamentales de la personalidad del Premio Nobel, al cual he admirado y seguido fervientemente a lo largo de varios años, pero que había abandonado al encontrarme inmerso en una enredadera emocional cuya descripción seguramente será motivo de otra entrada en este espacio.
Lo que Aguilar Camín narraba ahí me hizo recordar que en navidad una tía me había obsequiado un libro donde se hacía una compilación de varias declaraciones que Saramago había realizado en distintos lugares y sobre distintos temas. Lo que procedió fue la lectura del mismo. Esto me permitió acercarme al corazón del escritor. De forma paralela y por razones que no recuerdo llegó a mí un texto en donde se hablaba sobre la presentación del documental José y Pilar cuya existencia desconocía. Navegando por la red busqué el tráiler; el solo hecho de ver ese pequeño fragmento fue para mí una inyección de vida. Ver a un octogenario con una visión pesimista de la humanidad pero demostrando con su forma de actuar un profundo amor a la vida fue para mí fundamental para decidir que de ahora en adelante, querido lector o lectora, he decidido escribir para mí y si en el camino decides acompañarme te estaré eternamente agradecido.